Delirio a Dúo se despide de Villa Crespo

Durante todos los viernes de agosto a las 21 en Espacio Urbano (Acevedo 460), el Colectivo Per Sé presentó su versión del texto del dramaturgo y escritor rumano, Eugene Ionesco. Con motivo de la última función de este ciclo, Villa Crespo Noticias dialogó con el grupo de artistas argentinos y colombianos que realizan esta puesta teatral.

Por Marlene Aldaz

La obra, incluida dentro del teatro del absurdo, trata sobre dos personas, un hombre y una mujer, posiblemente pareja, que se encuentran encerrados, en algo más que un espacio físico, mientras que afuera se está desarrollando una guerra, aunque tampoco se sabe entre quiénes. Diálogos repetitivos, incoherentes y hasta ilógicos forman parte de este delirio.

El director de la obra, Carlos Rozo, colombiano radicado hace seis años en Argentina y dedicado al teatro desde chico, dijo: “Delirio a Dúo es completamente psíquica. No hay una situación determinada, solamente sabemos que son él y ella en discusiones anodinas, tratando de descubrir o definir si la tortuga y el caracol son o no el mismo animal. Que de suyo ese planteamiento es absurdo pero además Ionesco lo lleva a unos niveles hilarantes, porque el asunto no es discutir si efectivamente son o no el mismo animal sino qué tanto un personaje puede argumentar para demostrar algo, aunque sea un planteo absurdo”.

Un guión se estudia, se analiza, se trabaja y como resultado de eso sale una nueva versión en la que los integrantes del elenco y la dirección pusieron su marca personal. Rozo explicó su tesis dentro del espectáculo: “Desde el Renacimiento y a pesar de todas las virtudes que la cultura de occidente ha permitido a la humanidad, la Revolución Francesa, la Revolución Industrial, más los increíbles avances tecnológicos, la paradoja está que a pesar de la existencia de esas bondades hay cosas tan aterradoras como el fascismo, el totalitarismo soviético, el imperialismo europeo que arrasa África, Oceanía, América y del cual todavía somos víctimas. Incluso sin tener tanta conciencia respecto de nuestro papel en el planeta como Latinoamérica, ese enceguecimiento, desde mi punto de vista como director de la obra, responde a la intensificación del individualismo. Hay disidencias, oposiciones, otras miradas pero son mínimas y mientras no tengamos otro paradigma de la vida y de la condición humana, esa lógica antropocéntrica, egocéntrica y mezquina, no se va a superar”.

Por su parte, uno de los actores también explicó lo que hacen: “Creamos una nueva situación que no está en el texto de Ionesco, la inventamos y está por debajo, latente ahí, que es este individualismo que pulsa dentro de sus cuerpos (de los protagonistas) y les hace ver el mundo de esa forma. Usamos un Ionesco para plantear otro tipo de problemáticas que regularmente cuando se toma el teatro del absurdo no se plantea”, agregó Cristian Meneses, quien llegó a nuestro país en 2014, después de egresar de Sociología en Colombia y de estudiar por varios años actuación, para formalizar sus estudios y obtener un título. En la actualidad se encuentra en tercer año en la Universidad Nacional de Artes. Además del texto, la escenografía, los efectos de sonido y las proyecciones, la obra cuenta con un importantísimo lenguaje corporal que intensifica aún más la interpretación de los actores. Ese fue el trabajo de la dirección coreográfica a cargo de Priscila Favre, otra integrante del Colectivo Per Sé.

“Yo me incorporo después al proceso, cuando ellos tenían varios meses de ensayo y por cómo habían fraccionado la obra en actos y planteaban diferentes situaciones escénicas en donde el cuerpo tenía un gran peso, es ahí donde yo entro a ver qué podía hacer y ahí fue que empezamos a laburar el cuerpo por escenas, por situaciones”, detalló Favre.

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Sobre eso, Rozo dijo que lo que querían era una “interpretación integral y orgánica, no discursiva”. Y agregó: “Lo que nos importa es que el escenario sea una exposición muy viva de la condición humana, no un lugar donde la labor (de los actores) sea la de la enunciación de un texto. Su labor es la de interpretar personajes que son signos, símbolos, arquetipos que tienen una carga semántica pero desde la vivencia orgánica, por eso necesitábamos a alguien que tuviera esa potencia, esa fuerza para estimular el trabajo que proponían los actores y la dirección, y ahí es donde entró Pri a solucionar casi todos los problemas”.

La obra es de una intensidad absoluta que los actores llevan a límites físicos y mentales muy bien logrados y que, sin dudas, generan cientos de sensaciones post función en quienes encarnan esos personajes. “Uno sale pensando en un montón de cosas y quisiera escupirlas todas y no puede, entonces termina eligiendo qué cosas dice y esperando el próximo ensayo para ver cómo corregir y potenciar lo que uno quiere y que la otra función salga mejor. Es un poco el proceso”, contó Meneses.

Vale aclarar que una vez terminado el acto tienen que desarmar toda la escenografía, es por eso que el cansancio también suma por ese lado. La actriz de este delirio, Lucía Vergel, dijo entre risas que después de cada función termina agotada, y agregó, “con todo lo que uno mueve emocionalmente pasan cosas. Yo estoy pudiendo asimilar recién el lunes todo lo que me pasa el viernes”. Lucia también es colombiana, de Bogotá en donde hizo actuación, y llegó a Argentina hace seis años para dar otro paso en su formación, es por eso que estudió la Licenciatura en Composición Coreográfica en la UNA.

Carlos Rozo también hizo su aporte sobre el trabajo de los intérpretes en general y cómo finalizan cada presentación. “La situación del actor en el escenario es de una vulnerabilidad enorme, su exposición humana es muy fuerte. Un actor que se compromete tiene todo su sistema límbico, su mundo emocional y neural, casi al límite”, detalló. Por su parte, Favre agregó que “la obra tiene una exigencia muy dura a nivel interpretativo, tiene muchos canales, es tanto a lo que tienen que estar atentos, lo emocional, lo físico y el texto. Es un trabajo de darle y darle, y se aplaude”.

Para el Colectivo Per Sé Villa Crespo tiene algo especial y están contentos con haber presentado Delirio a Dúo en el barrio: “Tiene un encanto particular, es de los barrios que más me gusta de Buenos Aires y he estado en varios”, comentó Rozo.

Lucía Vergel, quien además se mudó hace poco al barrio, reconoce estar en un lugar “genial” que la conecta súper rápido con distintos espacios culturales, y aprovechó la ocasión para decirle a los vecinos que “viven en medio de un centro donde tienen cosas para ver todo el tiempo y para pensar después con la cerveza qué fue lo que vieron, no es solamente la salida para desconectarse del mundo”, y explica: “Lo pienso desde otro lugar que es finalmente para lo que hacemos arte, para ver otras perspectivas”.

Para Priscila Favre se armó una movida cultural importante en el barrio y reconoce que es un lugar donde se encuentran muchas salas. Además, invitó al que no hace teatro a ir: “Es salir a la sala que está la vuelta de tu casa, ver qué hay en la programación y meterte”. Por su parte, Rozo quiso decirle a la gente “que salga a la calle y que ocupe los teatros de su barrio o de otros, que vaya, que los aproveche que son suyos, que le pertenecen, que la asistencia a las salas hacen que vivan y crezcan, básicamente porque el teatro no es de la gente que lo realiza sino que es de todos”.

De cara a la preparación para la última presentación de la obra en Espacio Urbano, que será el viernes 26 de agosto a las 21 horas, Rozo dijo que hay que “ensayar, reflexionar y después venir a botarlo todo en la última función”. A lo que Vergel agregó, “esperamos que esté llena”.

Colectivo Per Sé está integrado por Priscila Favre; Carolina Liandro; Karina Martínez; Juan Martínez García; Cristian Steven Meneses; Maru Nocito; Carlos Rozo y Andrea Lucía Vergel.

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